
Los milagros existen, yo misma soy un milagro, el solo hecho de estar vivos lo es, como lo he dicho otras veces, me vi forzada a creerlo ya que hay situaciones a las que no se le encuentra una explicación diferente, he aquí uno de tantos ejemplos de los cuales puedo dar fe:
Cuatro años después de que naciera Mónica, sentí el llamado de la naturaleza a concebir nuevamente. Me realizaron los exámenes pertinentes para comprobar el estado de mi corazón derivado de un problema presentado cuando nació Mónica, mediante el resultado de esas pruebas se determinó que ameritaba una nueva operación a corazón abierto como la practicada cuando yo era muy pequeña.
Luego de mi segunda operación ya me había resignado a que nuestra familia estuviera constituida por tres miembros, en vista de que los cardiólogos me recomendaron no embarazarme ya que significaba correr un gran peligro para mi vida.
Posterior al año de mi segunda operación, en un chequeo rutinario con el cardiólogo, le exprese mi preocupación por un retraso que presenté, me hicieron un examen de sangre, esperé el resultado y el cardiólogo me dijo: tenemos problemas, está embarazada. Para muchas mujeres el embarazo no representa un problema, saludablemente hablando, sin embargo, yo tomo medicamentos de por vida, que según me dijo el especialista causan deformidades en el feto, no sabía que sentir, si alegría por el embarazo o culpabilidad porque los medicamentos que me tienen con vida le iban a causar un daño a mi bebé.
Consulté con varios especialistas, me dijeron lo mismo, era yo o el bebé, por supuesto, me advirtieron que si el embarazo se complicaba optarían por salvar mi vida, situación que no estaba dispuesta a aceptar.
Durante casi cuatro días dejé de tomar el medicamento, por temor a lo que pudiera estar ocasionándole al bebé, mi cardiólogo particular me previno que en caso de suspenderlo me ocasionaría una embolia y el resultado sería que no sobreviviríamos ambos.
Para el control del embarazo me asignaron a un nuevo cardiólogo, quien realizó los exámenes rutinarios, de laboratorio, electrocardiograma, ecocardiograma y holter.
Cada cierto tiempo me realizan esas pruebas y no ha habido mayor complicación; me sentía tranquila, pero el resultado del holter (electrocardiograma de veinticuatro horas) tenía una alteración, mi corazón se detenía por espacio de dos segundos varias veces durante la noche, situación que me aclaró el doctor no era debido al embarazo propiamente aún así debian colocarme un marcapasos.
El doctor me dijo que en caso de tener hijos previos, era necesario suspender el embarazo y practicarme un legrado ya que era sumamente peligroso seguir el curso del mismo y aclaró que yo no podía darme el lujo de correr ese riesgo.
Esos días para mi fueron bastante difíciles, ante la situación asumí que debía ganar tiempo y le comenté que acababan de realizarme un examen similar y el resultado indicaba que no existía ninguna alteración; en efecto llevé el informe al doctor sin embargo me hizo prometer que en caso de sentir cualquier alteración que me presentara.
El 21 de abril de 2,006, en contra de toda expectativa negativa nació mi segunda hija, Elda Gabriela prematuramente a las treinta y cuatro semanas de gestación, en medio de la tensión y aflicción, pesó 4.14 libras, estuvo conectada a un ventilador mecánico por espacio de tres semanas, ya que a los niños prematuros no se les han desarrollado del todo los pulmones.
Todo esa aflicción y temor de que el medicamento pudiera ocasionar problemas a Elda, ahora es parte del pasado, a los dos meses duplicó su peso y desde los seis meses, es una niña de peso y talla normales, lo que me habían dicho ocurriría a los tres años, además es normal y sumamente inteligente como su hermana Mónica.
En esa oportunidad soñe al angel Gabriel quien me anunció que ese ser que se estaba formando en mi era una niña y se encontraba plenamente saludable. Todos los días agradezco por la dicha de tenerlas a mi lado, también he aprendido una lección, no hay que dar nada por sentado ya que los milagros existen.